David
Cuerpo

Fue la única manera que encontró el gremio arbitral para mostrar su inconformidad contra la Comisión Disciplinaria por la tibieza con la que se castigó el comportamiento de jugadores que se envalentonaron para agredir, en partidos de la Copa Mx, a los encargados de impartir justicia dentro del campo. Sí, se organizaron para detener la jornada 10 del Clausura 2017 y, -así como ustedes- yo también me quedé como insecto desorientado sin saber que sintonizar en la televisión en este insípido fin de semana sin fútbol.

El movimiento que acaudillan García Orozco, Chacón, Delgadillo y Camargo es para exigir respeto a los silbantes, pues los jugadores, directivos y presidentes de los equipos de nuestro balompié los mangonean a placer. Las acciones de Triverio y Aguilar encarando, empujando y agrediendo a los silbantes fue la gota que derramó el vaso. Mientras se esperaba que el reglamento se aplicara a rajatabla, o sea, un año de suspensión para ambos jugadores; resulta que algunos teléfonos rojos ya estaban moviendo los hilos de la marioneta que impone sanciones en nuestro fútbol.

Resulta que dos horas antes del partido inaugural de la fecha 10, se citó a una conferencia de prensa -bueno no, dejémosla en conferencia informativa porque no se le permitió la entrada a ningún reportero- en la que se anunciaban las sanciones para los infractores: Triverio se iba suspendido ocho partidos y Aguilar diez ¡Ah! Y Ricardo Peláez sólo fue multado económicamente por haber interceptado al árbitro en el túnel del Estadio Caliente al final del Xolos contra América.

Esto enfureció a los silbantes, quienes inmediatamente liberaron al Kraken en el puerto jarocho, suspendiendo el encuentro de Veracruz frente a Puebla. La Liga se vio tan indefensa como Andrómeda, encadenada a dos cosas: una roca y a la ilusión de ser rescatada por su héroe Perseo usando la cabeza de Medusa para detener la catástrofe. Bueno, en el libro de Furia de Titanes el final fue feliz, aquí no y como efecto dominó: jornada sabatina y dominical se canceló por huelga arbitral.

La Comisión Disciplinaria no permite que los silbantes trabajen con autonomía debido a la presión de los dueños y directivos de los clubes. El silbante cuenta con una cédula en la que detalla los pormenores de un partido y si jugadores, entrenadores o cuerpo técnico agredió, insultó o se comportó de forma inadecuada ahí lo reportan. Ese escrito llega a la Disciplinaria quien, en teoría, debería de sancionar conforme a lo estipulado en el reglamento. Pero resulta que en la mayoría de las veces, son ellos mismos quienes modifican los reportes de los centrales para que el equipo afectado no sufra el ausentismo estipulado del infractor o se castigue pero no con la severidad merecida.

Ojalá y esto sirva de algo para mejorar el cumplimiento del reglamento, pues la autoridad se ha visto rebasada y entre empujones, cabezazos, vituperaciones y pseudoaficionados (barristas) en las tribunas, el fútbol mexicano se ha vuelto tierra de nadie.