Mosa
Cuerpo

Sean bienvenidos a otro Jeta Book del recuerdo; un repaso a la memoria donde se resguardan  acontecimientos  especiales,  vamos a desempolvar  la caja cerebral. Para  traer a nuestro entorno esas ideas que no están fuera de la bacinica, de algo servirán  por lo  menos para  soltar la carcajada.

Todo comienza así: El sacrosanto jefe me encomendó la tarea de hacerle llegar al Sr. Juan Osorio un presente con la figura e imagen de Niurka  (vedette, bailarina, modelo y en ese tiempo mujer de Juanito)  hace algunos ayeres el amor vivía en sus corazones, abrazaban la misma ilusión, los atraía lo desconocido…

El asunto fue que debía llevar el encargo a éste reconocido productor de telenovelas; expresarle el motivo de la ausencia de su homólogo y dejar una excelente relación;  uno nunca sabe cuándo nos lleguen las ganas de hacer algún melodrama y bueno habría que quedar bien parado. Me dirigí a la pomadosa Hacienda de los Morales, allá por los rumbos de Polanco  las Acacias,  pegadito al periférico.

Por aquellos tiempos acostumbraba traer conmigo una pequeño frasco de loción de dos salarios mínimos: ropa de tianguis limpiecita y  planchadita, así que por la imagen, no escatimamos. Una buena rociada de los elixires de esencias fraiche y córrele al dichoso restaurante al encuentro de mi productor telenovelero.   

Acto seguido: en la puerta del restaurante, un hombre bien vestido en negro y blanco me sorprendió, amable y recién rasurado, me dio la bienvenida. Se quedó  observando mi muñeca que cargaba en la mano izquierda;   50 centímetros de altura con vestido ampon;  con caireles y la cara finita  de Niurka, medio ladeada por las prisas de llegar a la cita puntualmente, una de las grapas de la base  se había soltado y nuestra hermosa Niurka miraba hacia el suelo.

¿Buenas tardes alguien lo espera caballero? espetó el hombre pingüino con buenos modales; mi momento esperado había llegado, cuanto deseaba restregarle en la cara  mi discurso de altos vuelos: Me espera el Sr. Juan Osorio ¿usted sabe si ya arribó al lugar? ¡quihubule!  ¡Yo,  el chalancillo! me transformaba en el acompañante de la crema y nata de uno de los hacedores de la televisión rosa, esa tv de la niña pobre que llega a la ciudad y se casa con el joven de la casa grande y viven felices por siempre.

Todo en su lugar, mi sueño tele-novelero estaba a todo lo que da. Sígame por favor caballero y yo tras el recién bañado pingüino, zigzagueando entre mesas y cargando a mi (a nuestra…) Niurka hasta  depositarla en manos Osorianas y después de eso,  ahí se acabaría la aventura según mis pensares.

De frente a Juan Osorio y a punto de desaparecer mi guía no sin antes ofrecerme algo de tomar; solo atiné a pronunciar un:   ¡permítame joven!  Ahí estaba,  moreno sonriente, chaparrón y yo cargando a su muñeca y rápidamente mostré mi dentadura parta empatar el cuadro sonriente.

Sr. Osorio buenas tardes me envía mi jefazo, asimismo y por mi conducto le extiende las más sinceras…bla bla bla… entregué el encargo y en su rostro no esbozó una imagen agradable y vaya que no se esforzó. Recompuso su ceño y me invitó a  sentarme. Vamos a comer hay que aprovechar éste momento y sirve que platicamos, ¡ahora sí! -me dije- ya me escucho platicandole de mi próxima telenovela, o de mis amoríos con la secretaria recién separada para que tome en cuenta mi amplio sentido de la narrativa.

No fue difícil pedir la comida,  estábamos en los mismos niveles de hambre y antojo, así que unas enchiladas gratinadas y pa’dentro.  Recuerdo las primeras palabras de mi “amigo Juan Osorio” jamás las podre olvidar (jijiji) la vida es tan sencilla amigo –así me dijo-  nosotros nos la complicamos, siempre poniendo pretextos, dando más respuestas de las que hay; la vida solo tiene dos respuestas; sí y no, párale de contar.

Me pregunté: …y ahora porqué ésta plática Don Juanito, rápido que aparece el peine y quien lo tenía. No era necesario dar tanta explicación de por qué no asistió tu jefe, simplemente hubiera utilizado un Sí, o un No y nos evitaríamos dar  tantas vueltas. Lo anterior me lo dijo en tono amable, pero que pasó Juanito, casi me amarga mis enchiladas,  pensé que ya se había  arrepentido de haber invitado a su mesa a este humilde caballero, me dije para mis adentros.

La hora y cacho que estuvimos intercambiando ideas (jijiji) me quedé sorprendido con su forma de pensar;  la lucha que ha mantenido desde aquellos tiempos en que dormía en alguna bodega de la merced, centro de abasto que se ubica en el corazón de la ciudad de México.

Fui conociendo a Juan a través de su   plática; Osorio el que luchó contra la drogadicción; Osorio el que se dijo: SI,  dejo  éste camino hacia la destrucción y NO vuelvo a sufrir. En conclusión un tipazo que conoce los andares de la vida; el  compartir un taco con algún desconocido (yo) y explicar  perfectamente el SI y el No,  respuestas de la vida.        

 

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