El señor Soya
Cuerpo

Y aquí vamos de nuevo, horas previas a despedir otro año que se ha consumido en nuestras vidas y la escena sigue siendo la misma: gente llena de esperanzas e ilusiones para lograr en los próximos 365 días lo que no pudieron y quisieron hacer en este, que dicho sea de paso, es una cadena de deseos que se arrastran desde hace muchos más. Una bola de supersticiosos que se valen de amuletos y cuanta cantidad de objetos para creerse bendecidos por la suerte, la fortuna y el amor.

Ridículos que visten ropa interior de colores, aquellos que compran su oveja junto a unas monedas para atraer la abundancia en el hogar, los que se llenan las bolsas de arroz, lentejas y otros granos que hacen referencia a lo descrito anteriormente y me ha tocado ver a quienes llevan campanas y las menean como desesperados, desconozco para qué pero creo lo único que se me viene a la mente es el señor de la basura que anuncia la proximidad del camión recolector.

Ilusos que se atascan la boca de uvas batallando por decidir qué hacer primero, si comerse las 12 de un jalón o pedir un deseo en silencio. De los cuales, podríamos asegurar que ninguna se hará realidad por la nula fuerza de voluntad y compromiso para concluirlos una vez que los han iniciado y quedarán en obra negra; posiblemente, hasta que se den cuenta que las cosas suceden si trabajan en ellas y no resultado de un milagro proporcionado por objetos inanimados que se regalan por mera tradición.

Feliz año nuevo o ¿igual al que termina?