Mosa
Cuerpo

Con el permiso de ustedes  y sus ojos,  les voy a lloriquear y es que la ocasión –creo que lo vale-  ya viene el “Día de los fieles difuntos” nunca pensé que mi mente se ocupara de los que partieron al Mictlán; personas que de un día para otro la tierra se  tragó, porque esa misma tierra no los recibió como debe ser : despedida del mundo terrenal,  cirios encendidos;   filas de conocidos envueltos en luto que obsequian  abrazos reconfortantes al doliente y  el silencio rendido ante las plegarias que entre   ave marías y padre nuestros blindan al difunto para comenzar su andar al descanso o al trabajo eterno, sin ningún tropiezo.

Mi altar para los que se fueron será de grandes dimensiones, tal vez no encuentre la cantidad que requiero de cempaxúchitl y copal;  ni seré basto en ofrecer los guisos que alegraban su paladar. Mi economía no lo soportaría y es que son tantos a los que debo recordar.  Desde  rio bravo hasta el Usumacinta y suchiate; todos cabrían perfectamente sentados en el estadio de futbol de la calzada de Tlalpan y quedarían formados para ingresar. A cada uno de estos fieles difuntos que vendrán de visita el 2 de noviembre les recuerdo que estarán en casa y que nunca se les olvidará.

Hay unos que partieron hace un mes, abiertas las heridas están.  Las flamas de las veladoras se agitaran como queriendo avisar que tienen inconformidad,  no es posible que la vida se escurriera así de rápido, sin ordenar las pilas de folders con pendientes por tratar y  que jamás  resolverán. Para todos ellos mis lágrimas, suspiros y malestar, somos tiliches de esta vida que la tierra se ha de tragar.

Con la venia de sus ojos me permito detallar, mis muertos cercanos son pocos en verdad, pero duelen como el que más; la abuela Ma’yayo que su cajón no podía bajar,  como que me esperaba para irse en paz;  estuvieron los sepultureros y el acompañamiento con la caja a un lado hasta que el agujero en la tierra lo hicieron ensanchar, sin embargo no me enteré del fallecimiento hasta los noventa días de contar.

Otra de mis calaveritas que debo esperar, esa mujer que defendía mi bien estar; hay Jejejeu marida mia ‘póngase chula mi bonita” que te quiero contar, que la radio ha cambiado desde que tú estás allá; en mi cuarto cuelga tu retrato con tus ojos pispiretos que habrías de más, sigues igual de bonita lástima que ya no viste mi futuro labrar.

El que éste 2 de noviembre me ocupa, y es que sigo sin saber si lo pongo  en el altar; tengo su foto y la dicha de que el creador me lo prestara por 16 años como mi hermano menor y digo: no sé si vivo o muerto se cobije con éste sol, esto nos tortura cada día al pasar. Y así  mi vieja se extravía más, lo único que la mantiene en pie la esperanza de que regresará; si usted me regaló su amable atención abusaré de su confianza y le pediré un gran favor, si sabe algo de mi hermano (Juan Carlos Medina López)  será nuestra bendición, ya son 22 años que en casa no está.        

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