David
Cuerpo

Con las gélidas temperaturas de las que hemos sido víctimas en recientes semanas, no pude evitar caer en las garras de la enfermedad. En muy poco tiempo y con notoria agresividad se me inflamó la garganta y le acompañaron síntomas de fiebre, congestión nasal, escalofríos y debilidad que me limitaban a quedarme en cama casi moribundo.

Durante el período más crítico –por las madrugadas – sufrí de sudoración excesiva e incomodidad para conciliar el sueño porque mi mente exponía escenarios raros en mis sueños fuera de toda lógica. En uno de ellos me encontraba prisionero en una estructura metálica de forma piramidal junto con cientos de personas, todos sin posibilidad de liberarnos al estar sujetos con una especie de garfios a la altura del estómago. Es decir, una imagen grotesca de lo que podríamos denominar como una pirámide humana.

Ya por la mañana y con una ligera mejoría gracias al tratamiento médico al que me sometí, recordé el sueño y sobre todo, me centré en el tema de las pirámides. Comencé a observar las estructuras en internet y a preguntarme si existía similitud entre las de Egipto y la que yacen en México, concretamente en Chichén Itzá. La primera pregunta que me vino a la mente fue “¿Cómo lograron edificar dichas estructuras si no contaban con grúas o herramientas que permitieran cargar bloques de piedras con un tonelaje considerable?” Y a partir de ahí nacieron otras como por ejemplo “¿Qué técnicas aplicaron para cortar, unir y hacer que la rocas perduraran en pié hasta la época actual?” “¿Era posible que sin un sistema arquitectónico tan desarrollado lograran la exactitud para que, en épocas de equinoccios, los rayos del sol apuntaran al sitio correcto, dibujaran el cuerpo de Kukulkán y acertaran en el sitio donde se encuentra la cabeza de dicho dios?”

Según las interpretaciones de los especialistas, la relación entre ambas construcciones se centra en elementos cósmicos. Por una parte la pirámide de Keops, la más grande la de meseta de Giza, posee canales de ventilación que apuntan- en la parte sur- directamente hacia las constelaciones de Orión y la estrella Sirio, que para esa cultura representaba al dios Osiris y la diosa Isis, respectivamente. En la parte norte, se dirigen hacia la Osa mayor y hacia Alfa Draconis: estrella que se tomaba como referencia para marcar el norte.

Mientras que la presumible perfección del sistema de calendarización de los Mayas es visible en el templo de Kukulkán, pues sus cuatro escalinatas están conformadas por 91 unidades que dan un total de 364 más la plataforma superior del templo nos completa los 365 días de los que se compone un año terrestre.

El tema me generó más intriga y busqué videos en los que encontré uno de un programa de televisión española en el que expertos en la materia discutían sobre si era posible que con la tecnología de herramientas hechas de bronce, lo antiguos egipcios pudieran haber construido aquellos complejos monstruo de piedra. Cada uno defendía su postura, mientras un par negaba la posibilidad de generar un milagro arquitectónico, otro aseguraba que fueron esos pobladores y nadie más quienes, con gran esfuerzo y técnicas rudimentarias, levantaron a los colosos piramidales. Al final se terminó el tiempo del programa y no se llegó a una conclusión, pues se atoraron en una fangosa emisión en la que reinaron las descalificaciones de argumentos.

Fanatismo, hambre de conocimiento así como ganas de resolver enigmas ancestrales proyectan teorías de todo tipo, incluso de la visita de seres espaciales que llegaron a enseñar a las antiguas civilizaciones las bases de un conocimiento superior para que la humanidad evolucionara hasta llegar a lo que somos ahora. En fin, mejor sigo tomando mi medicina para no padecer en el futuro de una enfermedad piramidalmente fuera de este mundo.