Autor
Mosa
Cuerpo

¡Cierra La Puerta y Salte!

Pensativo acomodo la cabeza,   se hunde en la almohada y  empieza el desfile  de las locuras en mi existir, después enrollo la cinta  para aminorar las sinvergüenzas de mi  pasado. Mi cabeza con tantas preguntas sufre de esguinces que inflaman mi existencia por más de una década y  son muy pocos  los ungüentos que me provocan sonoras carcajadas en medio de la noche, cuando mis locuras se pasean   desnudas, sin que nadie las critique:

Hace  días recordaba a mi amigo Federico –¡si mi amigo, compartió restos de su vida, sonrisas,  enojos y hasta peleas por un voz erótica-  siempre fue alguien  especial, un hombre que convidaba  vida, su  existencia la repartía;  ocupaba todo el tiempo para vivir y enamorarse de todo... hasta la locura.  Me  hizo vivir el oficio de la comunicación y  ahora en las noches de mis tristezas las apago a cubetadas de alegría del Fede.

Una tarde llegó a  la radio apresurado por integrarse al programa, con su andar más encorvado que de costumbre hasta rengueaba. .  sonrisa  mermada, así no era mi Fede, él  a su paso regalaba palabras, chistes,  rompía la rutina con alguna ocurrencia que a nadie  le brotaba en la cabeza, nos limitábamos a dejar escapar el comentario: eres un..., no mammm.  Puras tonterías que al paso del tiempo  – creo -    ya no lo son.

Esa tarde en la radio todo en su lugar.  La chica de recepción recibe a Fede   con las buenas tardes y la pregunta  ¿qué te pasó? ;   Los polis y su sentencia  ¡no la friegues y ahora!  Locutores corriendo a sus cabinas;  productores  con  carga entre brazos: libros, periódicos y compactos entre otros; Gente en los pasillos veían sufrir a  Fede al caminar.  Como buen veracruzano sonreía y daba alguna razón loca para explicar su desequilibrado andar (Mi luna de miel;  me mordió mi suegra;  la vasectomía etc.)  Con su cabellera china que se movía más de lo normal, al  hombro cargaba  su mochila negra eterna  que le  escondía  lo inimaginable; Paso a paso se dirigía con los suyos.  llegó a  su guarida y contó las razones de su dolor.

Para continuar  la historia es importante que usted sepa e imagine,  que Fede por costumbre no usaba calzones.   Al estar frente a mí y con mil ansias de hablar, vació todo lo que traía: ¡Mosa Mosa!  Fíjate que al pasar entre dos carros estacionados, di el paso en medio de las defensas,  sin darme cuenta  del filo de una lámina saliente,  me cortó la pantorrilla derecha del  tobillo casi hasta el chamorro.

Acto seguido,  trató de enseñare su lesión, pero por lo estrecho  del tubo del pantalón  no subió; se divisaba el surco sangrante  hasta donde la tela lo permitía.   Fede comentó: ¿la herida sigue más arriba Mosa?, ¿tienes alcohol? , ¡Una venda!…-vamos a la oficina tengo  botiquín respondí  y  Fede  me siguió lamentándose a mis espaldas.

La oficina: cómoda, solos;  lugar ubicado al final de las instalaciones. Entramos  y la puerta se cerró por inercia del  aventón de  mi mano.  En ese rincón llegué a vivir de domingo a domingo sin llegar a casa, extensión de mi hogar.  Adentro el herido descargó mochila y me dio la  espalda  para  observar  detenidamente la herida;  de nueva cuenta el pantalón de su pierna derecha estorbaba,  no subía más.  Fede práctico y en confianza desabrochó el cinturón y  su pantalón  cayó por gravedad al momento.

Fede semidesnudo siguió de espaldas a éste galeno improvisado,   Asombrado observé sus extremidades arqueadas;   semi vellos en nalgas y pantorrillas; calcetines guangos,  zapatos de vestir ocultos por la madeja del pantalón caído. Mientras,  mi mano izquierda lo detenía por la espalda y  Fede hacía una retahíla de preguntas: ¿hasta dónde llega la herida? ¿Está muy profunda? ¿Cómo la ves? ¿Le puedes poner alcohol?  ¿Cortó alguna vena? … yo atrás con vista panorámica y él sin defensa alguna.

Por la urgencia no aseguré  la chapa de la oficina,  dedicar  mis sentidos y  aplicar los primeros auxilios,  la prioridad. La sesión continuó, uno detrás del otro igual que  esculturas vivientes de avenida Madero. La consulta fue interrumpida por el abrupto abrir de la puerta de la oficina, el autor: un compañero que me buscaba para salir a comer y  único autorizado para entrar al lugar.

Lo que sus ojos retrataron no lo comprendían,  expresó su asombro con un calificativo: ¡Gordo! ¡Gordo! … los  ojos  salían de las cuencas, al ver un cuerpo semidesnudo y el otro atrás

 La posición corporal de los dos cuerpos daba a pensar en algún acto no propio de oficina.  Fede al quedar de frente al recién llegado debió darle una explicación,  pero  como buen loco sin  lógica, le ordenó: ¡salte, salte ponle seguro y  cierra la puerta!  Nunca lo invitó a pasar para explicarle y  enterarlo del accidente; Armando se retiró con el ceño fruncido y la cabeza atascada con sus propias explicaciones.

Ojalá estas letras se conviertan en una goma pelikan, para borrar en la mente de mi amigo Armando los recuerdos no gratos de su existencia.

 

      

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