Autor
Mosa
Cuerpo

Madrugada cualquiera  de esas que provocan sed en el gaznate, abres la llave y el vital líquido solo hace grrrrrr  se burla del sediento, por supuesto que los garrafones de purificada no lucen el aumento visual que provoca el h20. El súper, lejos y con  peligro de que le aumenten un agujero más al changuito que Dios nos dio; ¡el oxxo! ya ven que en México nos tocan cinco mujeres, un amigo gay y “un o por, por o;  la prioridad: conseguir un peñafiel para eructar.

La tiendita de la unidad  elección perfecta,  caminé entre  edificios y hasta llegar al centro, no sin antes encontrar al Drako, Max, la jardinera, lasker; la chiquis y anexados,    fieles cuidanderos que sin pertenecer a alguna agencia de seguridad andan a la vuelta y vuelta,  faltaría silbato y lámpara para ser profesionales de carrera.

Rumbo a la tiendita de ventana la madrugada quedó sin calma; bajo las ramas de un árbol  mediano  encerrado por una cerca de matas de velo de novia, una pareja de perros olvidó  la vigilancia, los hogares  ajenos y  otros no tanto,  quedaron envueltos en la bruma de pasión que cubrió el caserío.

Mis ojos divisaron tres pares de patas en fila, dos perros casquivanos sin importarles la presencia humana, continuaron la fusión.  Deseaban fundirse  con la madrugada ‘que el perrito era de ellos y ellos lo bañaban’; si acaso algún gruñido por alguna mala manera en el arte de la ocupación;  sin embargo prevalecía el consenso,  firma valedera en éste querer. Movimientos, jadeos  y el antónimo de activo - pasivo, quedó atrás de mis miradas inoportunas, mi objetivo: un peñafiel como beso de madrastra.

En la vuelta no tardé, al pasar por el lugar del amorguaguá ¡qué horror!  Y nunca por ver un cuerpo con dos cabezas, ocho patas y mi futura perrilla -en ésta vida todo ser vivo tiene derecho a existir-  de no ser por la comunidad canina del vecindario, que se dio cita  en torno a la pareja que gozaba de la mieles “chimiguis”. Éste par de atrevidos,   buscó y  encontró: Guariño, Amorgua, comprenguación y guapasión  en medio de la noche,  todo  les fue  arrebatado por intrusos mirones,  antojadizos y  haraguanes de la vida que nunca hicieron por la novia perra y ante tal pérdida,  lo más fácil era arruinar la guapasión de los compañeros.

Perros rengos y mugrosos,  hicieron acto de presencia ¡ellos qué!.  Estoy seguro que esa perra prieta jamás les tiró un hueso y ahora en la indefensión,  sin sábanas ni cigarrillo en el hocico y sorprendidos por tantas miradas perras solo callaban.  

Hubo un  perro que hasta se acercó a entrometer las narices para recibir doble mordida con mensaje: ¡no seas perruno y  lárgate de aquí!.   

Creo que atiné a azuzar a los fisgones de lengua larga (¡shhhhh sésguense!),  me alejé con un frio buche  de peñafiel  que destempló mis dientes,  medio volteaba para reclamar a distancia y decirme:  ¡esto no es posible  por qué madre naturaleza entregaste a tus hijos perros,  la pasión condicionada a un gran esfuerzo y  cualquier perrofustan se burle y en jauría se sientan los  perfectos: el amor y la pasión es de quien lo trabaja.

Abrí la puerta de mi nido sin todavía comprender   el doble dolor de la pasión canina.  Su  posición corporal,  un verdadero (literal)  dolor de  h…vos, añada  el suplicio de ser la burla de toda la perrada… después de todo, nadie está exento de esas perractitudes.  

 

 

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