Deenamo
Cuerpo

Para ambientarnos mejor, al final de esta publicación, podras escuchar un mix con música de la época. Definitivamente con hambre todo sabe mejor. En mi caso era literal, ya que al salir de la escuela  cada día, me estaba muriendo de hambre. Tenía la mala costumbre de no desayunar.

Era una simple cuestión de poder dormir media hora más, porque las noches de miércoles a sábado, eran dedicadas a asistir a mi trabajo como ponediscos auxiliar en el Jala La Jarra. Un bar muy famoso a inicios de los noventas en Guadalajara. Propiedad de Juan Carlos Maurer, quien tambien era dueño de el restaurante Guadalajara Grill, mismo que estaba pegado al Jala La Jarra.

Con la desvelada siempre a mis espaldas, levantarme todas las mañanas era extremadamente dificil, por lo que prefería dormir que desayunar... para la 1 de la tarde, la tripa estaba fastidiando a todo lo que da, y la visita al Oxxo era obligada para comprar de ese jamón Fud pre-empaquetado que sabía bastante equis, pero que me permitía producir los bloques mezclados de los viernes para las Noches Piratas... programa transmitido en Super Stereo 100.3, sin tener tanta hambre.

La cabina del Jala La Jarra, era una de las mejores de aquel momento, ya que mientras la mayoría de antros y discotecas del momento contaban con tan solo dos tornamesas, en el caso de la del Jala La Jarra, contaba con 4 Technics 1200, dos grabadoras de carrete abierto, dos reproductores de disco compacto Technics con pitch (que no eran muy buenos, cabe mencionar), 4 reproductores Denon (nuevos y codiciados en aquel momento), un sampler Ensoniq EPS (privilegio de pocos), un teclado Casio y el infaltable reproductor de cassette Sony. Lo anterior en la cabina, porque además estaba el equipo de sonorización, las televisiones de 20 "enormes" pulgadas, una cámara con control remoto en la cabina y en las luces 4 Trackspots y 1 Intellabeam, los Dataflash y la máquina de humo F-100. Igualmente contaba con servibar, básico para guardar el jamón, la mayonesa, la mostaza y algún trago, cerveza o lo que se ofreciera.

En pleno 1995, la crisis en la economía mexicana estaba a su máxima expresión, y musicalmente hablando, Guadalajara es una plaza peculiar, ya que estaba recien estrenado el movimiento grupero, por lo que había diferentes corrientes con sus respectivos grupos de fans y seguidores. Por una parte estaban los que seguían el mercado anglo, el cual podía incluir pop, rock o el recién estrenado: grunge. Por otra los seguidores de la mentada quebradita y sus derivados.

Como es costumbre, con unos alcoholes encima, todo mundo se deschonga y pierde la compostura... práctica habitual en el Jala La Jarra, aunque el bar no dejaba de seguir una línea fresa a la cual nos teniamos que apegar al momento de tocar. Nada de banda, cumbias, salsas, corridos o ese tipo de canciones. Eran muy selectivos por tratarse del bar de moda en la ciudad, al cual, se comentaba, en alguna ocasión no dejaron ingresar a Maná. Lo habitual era escuchar house, pop, algo de rock o clásicos... y ya pedos, lo que fuera, o casi.

Detrás de la entrada del bar, había un famoso cristal polarizado, desde el cual observaban los mandiles (meseros de un rango superior... o así se sentían ellos) a los potenciales clientes, y con un radio le comunicaban al cadenero quién sería alguno de los afortunados en tener el privilegio de poder ingresar al bar. Tanto los clientes que lograban su ingreso, como algunos meseros y empleados, se sentían como pavorreales por ser parte "del Jala".

En realidad el bar no era la gran cosa, en su primera etapa, antes de la remodelación en la que lo hicieron de dos pisos, era aún mas austero, más que nada por pequeño, pero son de esos fenomenos que simplemente se dan sin que nadie entienda realmente el por que. Lo que no era nada austero era precisamente la cabina, que ademas del equipo antes mencionado, tenía una excelente colección musical. La gran mayoría en vinilos de 12 pulgadas, objeto del deseo para los ponediscos actuales, para quienes un buen DJ debe de tocar en este formato, nada más alejado de la realidad, pero chaquetos al fin y al cabo.

En aquel entonces, aún no llegaba internet, incluso en Guadalajara estaba por estrenarse el primer Mix-Up de la ciudad en 1995, por lo que no solamente era una cuestión monetaria, sino de agandalle. Existían muchas tiendas de discos regadas por la ciudad, pero las realmente interesantes eran las de discos importados como Isaac, Espiros, El Quinto Poder, La Manzana Verde (por mencionar algunas), porque tambien estaban las de la perrada, entiendase Musical Lemus, Discos Aguilar o Casas  Wagner, pero en estas últimas vendían discos nacionales, que eran despreciados por los DJ's, ya que siempre tenían meses de atraso con respecto a las versiones importadas. Además de que sonaban mal, con un audio debil y para cuando esas tiendas los vendían, ya estaban mas que quemados los cartuchos. Hasta las portadas eran feas y se veían descoloridas.

En la música antrera la norma son los tirajes pequeños, por lo que si querias tener los estrenos y los temas que realmente funcionaban en la pista de baile, debias de hablar con el dueño o empleado de la tienda o de varias, y pedirle que te apartara el material, y por lo mismo, la mayoría del que se podía encontrar en las tiendas de discos importados como cliente normal, eran discos quedados... los que nadie quería por chafas, atrasados o con versiones pinchurrientas y que ya habían sido escuchados hasta el cansancio. Casi siempre los temas más codiciados del momento, eran reservados por las grandes discotecas y que tenian presupuestos grandes.

En el caso del Jala la Jarra, su colección era constantemente nutrida ya que se surtía de música en la Ciudad de México y no en Guadalajara. Si viajabas a comprar en la CDMX, se habría todo un panorama músical, ya que existían tiendas excelentes como Discos Zorba, El Sonido Discotheque, Mercado de Discos, Mix-Up y posteriormente tambien Tower Records. Algunas de estas famosas tiendas, no solamente contaban con discos importados, sino con ediciones especiales exclusivas para las tiendas en cuestión, material promocional o los mentados "White Labels", que eran ediciones piratas con recopilaciones, que para aquellas fechas, eran dificiles de realizar, precisamente por tratarse de un formato industrial como el vinil. 

El Jala La Jarra, se llenaba cada noche... hasta que todo cambió precisamente por la crisis economica que se estaba viviendo ese año. Las barras libres de los miércoles eran por lo tanto, un gran atractivo para los clientes, pero poco a poco los viernes y los sábados, empezaban a bajar en clientela. La gerencia y los meseros, hacian sus juntas para generar sus ideas y para justificar los motivos del por que la gente ya no estaba asistiendo al lugar... "Es que acaban de abrir tal lugar", "Es que no hay lana", "Es que se estan colando más nacos", la realidad es que el lugar habia iniciado su decadencia.

Mientras que en el Jala la Jarra nos permitíamos ser mucho más clavados en la música, ya que abundaba el house, los remixes, las versoines diferentes, por esas mismas fechas el dueño decidió abrir otro lugar que estaba en remodelación llamado: Undici. El concepto era cien por ciento para chavorrucos. Música completamente comercial, aburrida, con bloques de tres canciones de un genero y despues otras tres de otro... vaya, para chavorrucos. Al paso del tiempo tanto el Jala La Jarra, como el Undici, se fueron al carajo... y de pasada el Guadalajara Grill.

Igualmente a mediados de 1995 llegó a la radio tapatía Pulsar FM, inundando el cuadrante de teen-pop como Mercurio, Jeans, Fey y grupitos del estilo. En los años siguientes con el ingreso lento pero seguro de la internet, todo cambiaría. Irónicamente mientras el bar iba decayendo, el programa de Las Noches Piratas, estaba en su apogeo, de lo cual hablaré en otra ocasión.

Por lo pronto, escucha algo de la música que tocabamos rutinariamente en el Jala La Jarra Guadalajara... ya que después abririan otro en Tijuana y el Salvador.