Cuquita
Cuerpo

Abrir el baúl  de los recuerdos puede traer consigo un cumulo de emociones y recuerdos, podemos encontrar fotos viejas, credenciales de nuestra trayectoria estudiantil, un chicle guardado por años o simplemente una nota de amistad de un viejo amigo o un antiguo amor.

 Lo más reconfortante de abrir el baúl es mirar que tanto hemos cambiado y la huellas que ha dejado el tiempo en nosotros, esas dolencias o felicidades que han marcado la vida de cada uno.

Cuando miramos las fotos podemos ver que se han transformado nuestros rasgos, gestos, muecas o simplemente nuestro rostro en general. Pasamos de ser unos frágiles bebes que reíamos y dormíamos todo el tiempo, a un estudiante del kínder el cual te enojabas a la hora de los bailables o que decir de esos berrinches que hacías por no compartir un pastel con la abuela, éramos niños sin conciencia  pero felices.

Buscas y encuentras una foto donde le pones unas gafas al perro y crees que es un rockstar  y esa imagen te trae recuerdos de cuando jugabas en el lodo, globos con agua y a la gallinita ciega.

 Como hemos cambiado, ahora nuestra estatura no es la misma, el color de piel obscureció, nuestras facciones se modificaron y nuestras cicatrices ahora son distintas, pero seguimos siendo parte del baúl de los  recuerdos.