Pamela Grushenka
Cuerpo

Nací en Várzuga Rusia a orillas del  mar Blanco que fluye  por la parte meridional de la península de Kola y acaba desembocando en el mar Barents. Mi pueblo natal me vio crecer y protegió  a esa  niña traviesa, intrépida y noble, con una luz única en eso ojos azules y el color rosa malvavisco que pintaban  en mis mejillas aun  en la época de Octubre en que todo estaba congelado.

Várzuga la cuna que me enseño a ser mujer y a luchar por lo que realmente soy, no quería dejarte pero tampoco ya encontraba en ti ese calor, esencia y feminidad que yo necesitaba, eras tan fría y yo tan fogosa que no hacíamos la mancuerna perfecta.

Recuerdo aquella tarde de Marzo cuando yo solo tenía  16 años y estaba corriendo por el jardín de casa con una blusa  blanca de hombros descubiertos  y unos jeans de color azul marino, mis sandalias decoradas con piedras de colores y mi cabello rizado volaba  con el viento  fugaz de aquella tarde.

Un ruido ensordecedor a lo lejos del vergel  llamo mi atención, voltee y estaba  allí,  Fredek  nuestro jardinero, un hombre fuerte, joven con una sonrisa  que podría enamorar a  cualquiera,  tez blanca y ojos verdes  como el color del pasto de mi jardín, cada vez que lo veía sentía un calor raro que pasaba por todo mi cuerpo y se quedaba en el centro de mi ser, mis padres me prohibían acercarme a él porque en sus principios y status no era bien visto relacionarnos con la servidumbre.

Oh!!! Mi querido Fredek nunca olvidaré esa tarde en la que te acercaste a mí  con una suave y linda palabra me endulzaste mi oído y por primera vez  hiciste sentir ese cosquilleo  insólito que sentí  en  mi vagina, después de que te armaste de valor y me tomaste de la cintura cargándome y montándome en tu cadera, para después tomarme de las nalgas y besarme con esa pasión desenfrenada, mientras tanto pegaba mis pechos para rozarlos con los tuyos y sentir más placer como el que estaba sintiendo.

Empezaste a darme pequeñas mordidas como si  fuera ese corte de carne más fino pero a la vez el más exquisito, yo estaba muy excitada y tú estabas muy ardiente, tanto que me bajaste la blusa de un solo jalón para dejar mis pechos al descubierto y empezar a rosar mis pezones con tu lengua, yo quería explotar de satisfacción y solo pensaba en querer follar contigo.

De repente apareció Alek el perro tonto de mi padre que  nunca se le despegaba, en ese momento tuvimos que terminar nuestro encuentro y quedarnos con esa excitación candente que ambos sentíamos. Mi papá  se dio cuenta de lo sucedido y me envió a vivir a Noruega con una tía abuela.

La sorpresa que me lleve cuando me di cuenta que ella era más cachonda y podía entenderme a la perfección de que yo era una señorita de moral distraída, y fue ahí fue cuando comenzó mi amor  por el sexo.

Mi tía me presentaba a sus amigos con los cuales me fueron enseñando a coger y chuparles la pija como todo una profesional, años después me convertí en una sexy modelo y mi profesión me daría la liberad de viajar por todo el mundo y comerme los pitos que se me antojen.

                                                                     

                                                                                                    Soy Pamela Grushenka la ramera más profesional.