Cuerpo

Después de haberles narrado mi dulce historia de cómo conocí al Panda Zambrano, considero que es momento de relatar un poquito del mundo de la promotoría, a petición de mi ex coordinador (Hola Mario), para que ustedes sepan algunos detalles de cómo es que se manejan las cosas ahí dentro.

Primero que nada, déjenme decirles que los monigotes que deambulan por los pasillos de tecnología con uniformes de las marcas que representan, no son empleados directos de las mismas. Los promotores, vendedores o hasta ridículamente bautizados como asesores de ventas (ridículo porque no les pagan por asesorar, sino por vender. Aunque así les nombraron para que se sintieran con más caché), son contratados por una agencia.

Tratemos de hacer fácil la explicación con un ejemplo: Digamos que TecnOshito es una empresa líder en producción de equipos de cómputo que desea incrementar sus ventas en cadenas de autoservicio y tiendas departamentales. Pero qué hueva estar convocando personal, capacitarlo y hasta hacerse cargo de los engorrosos trámites para darlos de alta en su nómina. No, no, no, o sea, qué oso goey.

Así que se acerca con Elotitos Marketing, una empresa dedicada a prestar los servicios que TecnOshito requiere. Le presenta distintos paquetes y se compromete a incrementar en un porcentaje las ventas de sus productos, siendo Elotitos Marketing quien contrate, capacite y pague a los promotores. TecnOshito desembolsa la cantidad que le solicitan y se puede relajar mientras alguien más hace el trabajo sucio.

En cuanto se firma el contrato, Elotitos pondrá manos a la obra asignando a un coordinador que se responsabilice de la cuenta del cliente, asignará supervisores por zonas para que chequen que los promotores tengan las facilidades para ejecutar su trabajo a la perfección, así como registrar su asistencia a la tienda y que vayan bien uniformados (o sea, sus nanas) ¿Quihubole papus?