Autor
David
Cuerpo

Yo no entiendo a quién puede interesarle lograr una marca que no generará mayor trascendencia en la zona de CONCACAF cuando la selección mexicana pueda obtener el triunfo en Honduras y llegar a los 24 puntos en la última fecha del hexagonal que culminará con la lista de invitados mundialistas con destino a Putinlandia en 2018. Los resultados para el cuadro de Osorio se han dado sin mostrar un fútbol convincente y carente de lógica con el asunto de las rotaciones y la invención de posiciones a muchos jugadores.

La nobleza de la zona es el disfraz perfecto para resaltar el bajo nivel futbolístico que atraviesan muchos de los equipos con los que competimos. Esto ha permitido que, con tropiezos y malos ratos, el cuadro tricolor haya sacado los resultados para, en el papel, calificar como primer lugar con una puntuación que supera las veinte unidades. La camaradería que se ha forjado en el grupo de futbolistas nacionales y el cuerpo técnico colombiano preocupan, pues cuando los escuchamos en las conferencias de prensa sus argumentos carecen de autocrítica y parece que viven en una realidad alterna en la que protegidos por los números, el funcionamiento es el óptimo para competir al gran nivel que un mundial exige.

A pesar de que México calificó tempranamente a Rusia 2018, las críticas hacia Osorio y su sistema han sido constantes. No es que se haya gestado una campaña en su contra, aunque habrá uno que otro que le critique con el estómago y no con la cabeza, pero partido a partido no se ha visto una evolución en el desempeño del equipo. Carente de una base sólida y la reasignación de posiciones a ciertos jugadores que no son las suyas, hacen que el sistema del colombiano sea como una ruleta rusa que ha sido exhibido en competencias internacionales: Los siete goles contra Chile en la Copa América del 2016 y cuatro más hace unos meses a manos de la joven generación de los alemanes en la Copa Confederaciones.

Los partidos amistosos que tendrá contra Bélgica y Polonia serán el parámetro perfecto para saber lo que nuestra selección podrá ofrecer ante los ojos del mundo. Aunque la tendencia nos indica que seamos mesurados con nuestras esperanzas, producto del buen paso durante el  hexagonal de la zona, pues esto sólo incrementa el ego de tener el mote de “El Gigante de la CONCACAF” pero que no va a impresionar a equipos de élite poseedores de mayor poderío individual y táctico con los que se pueda cruzar en la fase de grupos del próximo mundial, ya que en un abrir y cerrar de ojos pueden tener rápidamente contra las cuerdas -y un marcador abultado- la credibilidad de nuestro fútbol y el que se gesta en la mente compleja de Juan Carlos Osorio.

 

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