Mosa
Cuerpo

Hace muchos años mis ojos te encontraron en el redondel de la Plaza más grande del mundo: La plaza México.   Niña menudita con tu pelo entrenzado y  sonrisa rosada, aguardabas el anuncio que haría  el gritón en turno para subir al ruedo.

Tu aura destellaba fulgores de arte que  acompañaron a los primeros rayos del sol de aquella mañana musical, en la colonia nochebuena. Subiste con gracia, preciosa siempre y… tu voz,  fue el disfrute y el  dulce desayuno que necesitaba el alma para elevarse.

Hoy, vuelves Lafourcade a cantar y agradecer, mujer de buena cuna. Lo anterior lo apunto por tu voz, que le rinde un homenaje al folclore latinoamericano convidando y acompañada de las manos de los Macorinos.

Eres la mujer, ereshoy+arte y + grande por voltear a tus libros musicales que se han quedado como flores,  prendados en tu cabello; maestros y letras que te inspiraron a endulzar con tu voz el silencio,  y a recolectar las palabras que dejaron en  el viento.