Mosa
Cuerpo

 

¡Mare me regreso a Yucatán!  Doña Virich,  mujer empoderada; respondona la conocimos indirectamente en la noche de bromas.  Su natural picardía yucateca, nos llevó de la risa a la carcajada y del asombro al cariño por una persona que vimos en la radio.

 Que gusto da escuchar a una mujer defensora de los suyos, entretejiendo sus argumentos con un vocabulario irónico, pícaro y soez; ya lo decía María bonita, María el alma: Miénteles la madre, porque hasta las mentadas duelen.  Las  palabras de Doña Virich  arrinconaron  a su oponente, hasta que el poder de la palabra le permitió deletrear una buena mentada de madre al visitante telefónico.

Juanillo un asiduo radioescucha de la tierra del Mayab, con un leve acento de la tierra de la cochinita pibil solicitó una broma. Su interés: desquiciar a su  santa progenitora yucateca, a quien calificaba de ser explosiva, mal hablada y muy astuta para defender su matriarcado; con su  acento melódico y de noble cuna, herencia de  sus antepasados nos fue deleitando con sus: no me jodas, eres un pelaná, lavate el virich y de ahí,  hasta mandar muy lejos a su interlocutor.

La vi en la radio: una Doña menudita, con su rodete de cabello  en la cabeza y su blusa ribeteada con tejidos típicos del lugar, gozando de la conexión perfecta entre  mente y boca;  la producción de palabras por segundo muy importante. Nuestros oídos escucharon la delicia   de  la picardía yucateca,  aderezada con  palabras chicas y  grandes que todo mexicano conoce, pero en esta ocasión en boca de una linda bochita peninsular.

Juanillo fue el  cabezón que  urdió la broma para su santa madre  Doña Virich y si querer  nos obsequió  la esencia  de una jefa de familia ante el embate de un hombre,  que alegaba ser la nueva pareja de la ex-nuera;  mujer que había compartido vida con Juanillo y ahora en brazos de su nuevo marido Richard,  estrenaba vida marital; Richard  quería alejar todo el pasado, en donde figuraba la imagen de  Doña Virich  y tendría que someterla.

Hace tiempo que no se escuchaba  en nuestra radio,  una mujer entrona,  que hizo de la palabra un recurso para decir exactamente su sentir, defender a su familia y decorar su discurso con las palabras que guardamos en el morral de la doble moral; palabras que sirven,  provocan y son necesarias para ahuyentar al cazador que acecha en medio de la broma.

De puro gusto vámonos a Yucatán  Caminemos por la tierra del Mayab (región y nombre de los antiguos mayas) el sureste espera para atascarnos de cochinita pibil, salbutes, panuchos, frijol con puerco, relleno negro entre otros   manjares para alimentar  la  tripazón. A  gozar de su arquitectura, artesanías  y su clima tropical y poder  gritar: ¡mare me regreso a Yucatán!

Y ahora que tenemos una buena conocida en esa tierra peninsular, Doña Virich y sus decires que dieron gusto escuchar,  respondona sin descansar y si  es preciso pediré  un aplauso para la mujer y la radio que nos hizo imaginar.    

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